El día se asoma lánguido a mis pies, ellos parecen quebrarse
como se quiebran las ganas, remolino de azares que vuelan
en mi cabeza hueca, hueca de ti, eco interminable que
me retumba el cuerpo cansado de extrañarte.
Ya no queda nada, la habitación vacía y ni siquiera las sábanas
conservan el perfume ni las paredes tus huellas.
Ya eres o soy un fantasma, o un sueño que soñé alguna vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario